Cuento De Terror

Cuento De Terror

Cuento de terror

Cuento de terror es un género de la literatura, que tiene por objeto, o tiene la capacidad de asustar a sus lectores, induciendo sentimientos de horror y el terror. Horror puede ser sobrenatural o no sobrenatural. El género tiene orígenes antiguos, que fueron reformuladas en el siglo XVIII como Gótica de terror, Con la publicación de la Castillo de Otranto (1764) por Horace Walpole.

Historia

horror sobrenatural tiene sus raíces en folclore y las tradiciones religiosas en la muerte, La vida futura, el mal, La demoníaco y el principio del mal encarnado en El Diablo. Estos se manifestaron en las historias de las brujas, vampiros, hombres lobo, fantasmas, Y los pactos demoníacos como el de Fausto.

siglo XVIII gótica de terror se basó en estas fuentes en obras como Vathek (1786) por William Beckford, Los misterios de Udolfo (1794) y El italiano (1797) por Ann Radcliffe y El Monje (1796) por Matthew Lewis. Una gran cantidad de ficción de horror de esta época fue escrita por las mujeres y comercializados a un público femenino, un escenario típico de ser una protagonista femenina de recursos amenazado por los demonios en un lúgubre castillo.

La tradición gótica continuó en el siglo 19, en obras como Mary Shelley’S Frankenstein (1818) Edgar Allan Poe’S cuentos, las obras de Sheridan Le Fanu, Robert Louis Stevenson El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886), Oscar Wilde El retrato de Dorian Gray (1890), y Bram Stoker’S Drácula (1897). Duradera iconos del horror derivado de estas historias incluyen Dr. Frankenstein y El monstruo de Frankenstein, El conde Drácula, Y el Dr. Jekyll y el mal su doble Mr. Hyde. Otras figuras legendarias del horror del siglo XIX son los asesinos Burke y Hare, Sweeney Todd y Jack el Destripador.

Características

La característica del género de horror es que provoca una respuesta emocional, psicológica o física dentro de cada individuo que hace una persona a reaccionar con miedo. Con el fin de que la respuesta que suscitó existen diferentes técnicas utilizadas, tales como figuras irreales (fantasmas, momias, Etc), o más situaciones reales y las cifras (asesinos en serie). El ingrediente principal dentro de horror es que el lector o espectador puede relacionarse con ella de alguna manera y que siempre hay algo inesperado en su camino. El género de terror todo se construye sobre el miedo de la gente de lo desconocido y ansiedades. De acuerdo con H.P. Lovecraft”El mayor y más antiguo emoción de la humanidad es el miedo, Y el tipo más antiguo y fuerte de miedo es el miedo a lo desconocido. “

Uno de los escritores de terror más conocidas contemporáneo Stephen King. King fue responsable del desarrollo del género de terror a partir de la década de 1970. historias de King han logrado atraer una gran audiencia, por lo que fue apreciado por los EE.UU. Fundación Nacional del Libro en 2003.[4] King recibió el prestigioso Medalla de la Contribución Distinguida a American Cartas premio por su trabajo.

Logros en la ficción de terror son reconocidos por numerosos premios. La Escritor de terror de la Asociación presenta el Bram Stoker Premios para el Logro Superior, nombrado en honor de Bram Stoker, Autor de la novela de terror seminales Drácula.[5] La International Horror Guild presenta sus propios premios anuales, al igual que organizaciones como la Escritores de Horror Asociación Australiana con su informe anual Sombras Premio de Australia. Otros importantes premios de literatura de terror son las subcategorías incluidas en premios generales para la fantasía y la ciencia ficción en los premios, como el Aurealis Premio.

Horror fiction. (2010, December 4). In Wikipedia, The Free Encyclopedia. Retrieved 22:04, December 8, 2010, from http://en.wikipedia.org/w/index.php?title=Horror_fiction&oldid=400403400


El cuento de terror (también ‘cuento de horror’ o ‘cuento de miedo’), considerado en sentido estricto, es toda aquella composición literaria breve (ver relato corto), generalmente de corte fantástico, cuyo principal objetivo parece ser provocar el escalofrío, la inquietud o el desasosiego en el lector, definición que no excluye en el autor otras pretensiones artísticas y literarias. Se trataría, por tanto, de un relato literario y no oral, ya que, si bien existe una amplia y antiquísima tradición de cuentos con dichos contenidos, probablemente por tratarse de relatos transmitidos de boca en boca, nunca han recibido otra denominación que la de “cuentos” o “leyendas” a secas. Ni siquiera cuentos “infantiles” de índole, nadie lo pondrá en duda, terrorífica (e inscritos en la tradición oral en su día), como “Caperucita roja” o “Blancanieves”, reciben la denominación de “cuentos de terror”, que parece haber sido acuñada expresamente para las obras mayores del género aparecidas entre los siglos XIX y XX.

La definición más amplia confunde, sin embargo, en muchos casos el cuento de terror (más bien el ‘cuento de miedo’) con el “cuento” tradicional. Se conocen cuentos -y cuentos de miedo- desde siempre, desde la más remota antigüedad. El cuento de miedo popular, el que relataban y relatan los viejos del lugar al amor del fuego en noches propicias, es elemento típico del folklore de los pueblos, y debe haber sido una de las primeras formas culturales de la humanidad, tan antigua probablemente como la épica, la magia y la religión. El tipo de historias o leyendas que de alguna manera entrecomilla al Mal, buscando atemorizar con él a las buenas gentes, quizá a fin de exorcizarlo o sólo por advertir, llega en muchos aspectos a confundirse en la forma y en el fondo con dichas expresiones originales del espíritur colectivo (¿no supone la propia Biblia un buen muestrario de relatos “terroríficos”?); nada de extrañar, dados los resortes anímicos tan sutiles que suelen remover en el lector o en la audiencia los espinosos contenidos presentes en los cuentos de miedo.

En la Edad Media las crónicas y anales oficiales y oficiosos aparecen salpicados de todo tipo de datos, supersticiones y consejas que versan sobre aparecidos, brujas, duendes, vampiros, hombres lobo y otros seres y animales malditos. En todos los países se ha asustado siempre a los niños con los demonios indígenas respectivos, y más en concreto en los de habla hispana, con las distintas variantes del Hombre del Saco y el Sacamantecas. La antigua tradición de la alquimia, las ciencias ocultas y las sectas prohibidas, inspiraron igualmente multitud de fábulas y narraciones orales y escritas, largas y cortas, unas tirando a lo didáctico y benévolo y otras directamente a lo terrible; historias genuinas y deformadas en infinitas versiones, y dirigidas a un público en que no se diferenciaban las edades.

Volviendo al terreno literario (y ciñéndonos en todo momento a la literatura occidental), difícilmente se entiende el hecho de que, pese a tratarse de una modalidad con tan venerables precedentes y que ha contado entre sus cultivadores con algunos de los mejores escritores, tanto en Occidente como en el Oriente, de todas las épocas, hoy en día se trate al objeto de este artículo con una cierta distancia, sin duda despectiva, como vulgar literatura “de género”, fenómeno debido tal vez a las connotaciones negativas adquiridas por el contacto, en los últimos años, con cierto tipo de cine y otras manifestaciones audiovisuales de baja calidad y peor gusto (el subgénero conocido como gore, de origen anglosajón).

Puede ayudar a precisar el tema una definición muy aguda del género debida al médico y estudioso español Rafael Llopis, responsable de algunas de las, hoy por hoy, más importantes antologías del género aparecidas en lengua castellana (Los Mitos de Cthulhu, Antología de cuentos de terror…):

Lo que caracteriza al verdadero cuento de miedo es la aparición de un elemento sobrenatural e inexplicable, totalmente irreductible al universo conocido, que rompe los esquemas conceptuales vigentes e insinúa la existencia de leyes y dimensiones que no podemos ni intentar comprender, so pena de sufrir graves cortocircuitos cerebrales.

He aquí una referencia clara al cuento de terror literario, aunque parece más bien restringirse al modelo y espíritu de uno de los grandes representantes de la modalidad: H. P. Lovecraft. Pero lo que habría que destacar sin duda es el elemento “sobrenatural”.

Los insignes compiladores argentinos Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, por su parte, a juzgar por el principio de selección que pareció animarles a la hora de reunir los materiales de su célebre “Antología de la literatura fantástica” (1965), solapan en gran medida el relato fantástico con el de terror, lo que no ayuda precisamente como guía a aquellos con vocación clasificadora. Borges y compañía afirmaban en el prólogo de la obra citada que no hay un tipo de cuento fantástico, sino muchos. Lo mismo puede aplicarse al cuento de terror. Tan absurdo es dividirlo en cuentos de vampiros, de fantasmas, de muertos vivientes, etc., como atender a criterios puramente técnicos o estructurales para su estudio. El grado de sofisticación literaria a que se ha llegado en este campo concreto (como en cualquier otra manifestación artística, a la vuelta del siglo XX, lo que en música se conoce por “mestizaje”) ha llegado a tal punto que difícilmente resultará verosímil —meramente productivo— otro criterio de selección que el meramente histórico.

Dejando aparte las fuentes tradicionales, nutridas de la cultura y la historia de los pueblos, el cuento de terror literario trata de vérselas y hacerse eco de esos espantos mucho más personales que nos persiguen y agobian a través de las pesadillas. Un cuento de terror no supone, en realidad, más que un intento de recrear con fines catárticos (si bien no falta quien afirme que sádicos) tales mundos oníricos, con todo lo de estrambótico y siniestro que contienen, aunque acatando siempre unas determinadas reglas. Sólo hay una salvedad: al final, llegada la necesidad, no le asiste a uno el recurso de despertarse.

Como producto artístico, el cuento de miedo se ve constreñido, pues, por una normativa procedimental característica. Tres son los elementos o exigencias fundamentales que debe cumplir. En primer lugar, ha de verificarse un cuidado muy especial en el diseño del clima, la “atmósfera” que rodea los siniestros acontecimientos de marras, aspecto este en el cual los grandes autores se evidencian a menudo como auténticos virtuosos.

El cuentista suele asimismo trabajar con gran detalle el desarrollo narrativo, la gradación de efectos, es decir, la estructura secuencial de la historia, de manera que contribuya en todo lo posible a la suspensión de la credulidad del lector, a la verosimilitud (tan apreciada o más que la propia originalidad por Poe); lo que se pretende suscitar en el lector es el miedo, y está de sobra demostrado que a tal efecto prima una mecánica lenta y gradual.

Todo cuento de terror, finalmente, como se ha dicho, resulta en un pequeño tratado sobre el Mal en alguno de sus infinitos rostros y formas, por lo que, en principio, conviene obviar toda otra consideración, moralista o sensible, a la hora de abordar su ejecución o su lectura.

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