La Crisis De Los Pueblos De Indios

La Crisis De Los Pueblos De Indios

Crisis financiera asiática

De Wikipedia, la enciclopedia libre Países más afectados por la crisis asiática.

La crisis financiera asiática fue un período de dificultad financiera que se apoderó de Asia en julio de 1997 y aumentó el temor de un desastre económico mundial por contagio financiero. También conocida como la crisis del Fondo Monetario Internacional, comenzó el 2 de julio de 1997 con la devaluación de la moneda tailandesa. Por efecto dominó, le sucedieron numerosas devaluaciones en Malasia, Indonesia y Filipinas, lo que repercutió también en Taiwán, Hong Kong y Corea del Sur. Sin embargo, lo que parecía ser una crisis regional se convirtió con el tiempo en lo que se denominó la “primera gran crisis de la globalización”,1 y existe una gran incertidumbre sobre la verdadera magnitud del impacto de sus efectos en la economía mundial. Sólo durante las primeras semanas un millón de tailandeses y 21 millones de indonesios pasaron a engrosar las filas de los oficialmente pobres

Visión de conjunto

La crisis comenzó en Tailandia con el colapso financiero del baht tailandés, causado por la decisión del gobierno tailandés de hacer fluctuar el baht, cortando su clavija al dólar, después de esfuerzos exhaustivos para sostenerlo frente a una sobreextensión financiera severa que era en parte obligada por el sector inmobiliario. Para ese entonces, Tailandia había adquirido una carga de deuda externa que provocó la bancarrota efectiva del país incluso antes del colapso de su moneda. Cuando la crisis se expandió, la mayoría de los países del Sureste Asiático y Japón vieron el desplome de sus monedas, la devaluación del mercado bursátil y de otros activos y una caída precipitada de la deuda privada.3

Aunque hay un acuerdo general sobre la existencia de una crisis y sus consecuencias, es menos claro cuáles fueron las causas de la crisis, así como su alcance y solución. Indonesia, Corea del Sur y Tailandia fueron los países más afectados por la crisis. Hong Kong, Malasia y Laos padecieron también la depresión. La República Popular China, India, Taiwán, Singapur y Vietnam fueron menos afectados, aunque también sufrieron por la pérdida de la demanda y de la confianza en la región.

Los ratios Deuda Extranjera / Producto Bruto Interno subieron desde una tasa del 100% hasta el 167% en las cuatro economías más grandes del Sureste Asiático en el periodo 1993–1996, y luego se dispararon a más del 180% durante la peor parte de la crisis. En Corea, el ratio aumentó un 13–21% y, luego al 40%. Solo en Tailandia y Corea subieron los ratios del Servicio de deuda-exportaciones.4

Aunque la mayoría de los gobiernos de Asia tenían políticas fiscales bastante razonables, el Fondo Monetario Internacional propuso iniciar un programa de $40 mil millones para estabilizar las monedas de Corea del Sur, Tailandia e Indonesia, cuyas economías habían sido particularmente golpeadas por la crisis. Sin embargo, los esfuerzos para contener una crisis económica global hicieron poco para estabilizar la situación doméstica en Indonesia. Después de haber estado 30 años en el poder, el presidente de Indonesia, Suharto fue forzado a dimitir en mayo de 1998 en la víspera de la generalización de los disturbios que siguieron al fuerte incremento de precios causado por una devaluación drástica de la rupiah. Los efectos de la crisis persistieron a lo largo del año 1998. En Filipinas, el crecimiento económico cayó virtualmente a cero en 1998. Solamente Singapur y Taiwán probaron estar relativamente aisladas del shock, pero ambas sufrieron duros golpes, la primera más agudamente debido a su tamaño y su ubicación geográfica entre Malasia e Indonesia. Para 1999, sin embargo, los analistas vieron signos de que las economías de Asia estaban empezando a recuperarse.5 Antecedentes

Hasta 1997, Asia atraía casi la mitad del total de capital afluente a los países en desarrollo. En particular, las economías del Sureste asiático mantenían altas tasas de interés que atraían inversionistas extranjeros en busca de altas tasas de retorno. Como resultado, las economías de la región recibieron un gran afluente de dinero y experimentaron un dramático incremento en los precios de activos. Al mismo tiempo, las economías regionales de Tailandia, Malasia, Indonesia, Singapur y Corea del Sur experimentaron altas tasas de crecimiento: del 8 a 12% del PIB a fines de la década de 1980 y comienzos de los 90. Este logro fue ampliamente celebrado por las instituciones financieras, incluyendo el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y fue conocido como parte del “milagro económico asiático”.

En 1994, el economista Paul Krugman publicó un artículo que atacaba la idea de un “milagro económico asiático”.6 Argumentaba que el crecimiento económico del Sureste Asiático había sido el resultado histórico de la inversión de capital, la cual había llevado al crecimiento de la productividad; sin embargo, la productividad total de los factores se había incrementado solo marginalmente o para nada. Krugman sostenía que solo la productividad total de los factores, y no la inversión de capital, podía llevar a la prosperidad a largo plazo.

Las causas de la debacle son muchas y disputadas. La economía de Tailandia se desarrolló en una burbuja llena con “dinero caliente”. Se requería más y más mientras crecía el tamaño de la burbuja. La misma situación se presentaba en Malasia, aunque en este caso tenía un mejor liderazgo político, y en Indonesia, que tenía la complicación adicional de lo que fue llamado “capitalismo salvaje”.7 El flujo de capital de corto plazo era costoso y, a menudo, altamente condicionado al beneficio económico rápido. El dinero fue a parar de manera incontrolada solo a ciertas personas, no particularmente las más apropiadas o las más eficientes, sino a aquellas más cercanas a los centros de poder.8

A mediados de la década de 1990, Tailandia, Indonesia y Corea del Sur tenían grandes déficits privados de cuenta corriente y el mantenimiento de una tasa de cambio fija incentivaba el endeudamiento externo y llevaba a una exposición excesiva al riesgo de intercambio extranjero tanto en el sector financiero como en el corporativo. Además, dos factores empezaron a cambiar el entorno económico. Cuando la economía de los Estados Unidos se recuperó de la recesión de inicios de los 90, el Sistema de Reserva Federal a cargo de Alan Greenspan empezó a incrementar las tasas de interés para cortar la inflación. Esto hizo a los Estados Unidos, un destino de inversión más atractivo respecto al Sureste Asiático que había atraído corrientes de “dinero caliente” a través de tasas de interés altas a corto plazo, y aumentó el valor del dólar estadounidense, al cual estaban fijadas muchas monedas del Sureste asiático, con lo que sus exportaciones se hicieron menos competitivas. Al mismo tiempo, el crecimiento de la exportación en el Sureste asiático disminuyó dramáticamente en la primavera de 1996, deteriorando su posición de cuenta corriente.

Algunos economistas habían propuesto el impacto de China en la economía real como un factor contribuyente a la ralentización del crecimiento de la exportación de los países de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, aunque estos economistas sostienen que la mayor causa de la crisis fue la excesiva especulación inmobiliaria.9 China había empezado a competir efectivamente con otros exportadores asiáticos, particularmente en la década de 1990, después de la implementación de una serie de reformas orientadas a la exportación. Aún más importante, las monedas tailandesa e indonesa estaban ancladas al dólar que se estaba apreciando en los 90. Los importadores de Occidente buscaban manufacturas más baratas y, de hecho, las encontraron en China, cuya moneda se estaba depreciando respecto al dólar. Otros economistas refutan esta teoría destacando que, a inicios de los 90, tanto los países del Sureste Asiático como China experimentaron un crecimiento rápido y simultáneo de las exportaciones.10

Muchos economistas creían que la crisis asiática fue creada no por la psicología o tecnología del mercado, sino por políticas que distorsionaron los incentivos dentro de la relación prestatario-prestamista. Las grandes cantidades resultantes de crédito que estuvo disponible generó un clima económico de gran apalancamiento y presionó los precios de activos al alza hasta un nivel insostenible.11 Estos precios de activos eventualmente empezaron a colapsar, causando la suspensión de pagos de las obligaciones de deuda tanto por parte de los individuos como de las compañías. El pánico resultante entre los prestamistas llevó a un gran retiro del crédito de los países en crisis, causando un credit crunch y, luego, bancarrotas. Además, como los inversionistas intentaban retirar su dinero, el mercado cambiario fue inundado con monedas de los países en crisis, presionando hacia la depreciación de sus tipos de cambio. Para prevenir un colapso de los valores monetarios, los gobiernos de estos países fueron forzados a incrementar las tasas de interés domésticas a niveles sumamente altos (para ayudar a disminuir la fuga de capitales al volver relativamente más atractivo a los inversionistas el préstamo a esos países) y a intervenir en el mercado cambiario, comprando con reservas internacionales todo exceso de moneda doméstica a la tasa de cambio fija. Ninguna de estas políticas podía ser una respuesta sostenida por mucho tiempo. Tasas de interés muy altas pueden ser extremadamente dañinas a una economía que está relativamente saludable, causando estragos en un ya de por sí frágil estado, mientras que los bancos centrales se quedan sin reservas internacionales. Cuando fue claro que la fuga de capitales de estos países no sería detenida, las autoridades dejaron de defender sus tipos de cambio fijos y permitieron la fluctuación de sus monedas. El valor depreciado resultante de estas monedas significó que la moneda extranjera denominada pasiva aumentara substancialmente en términos de moneda doméstica, causando más bancarrotas y, luego, profundizando la crisis.

Otros economistas, incluyendo a Joseph Stiglitz y a Jeffrey Sachs, han restado importancia al rol de la economía real en la crisis comparado a los mercados financieros, debido a la velocidad de la crisis. La rapidez con la cual ocurrió la crisis sirvió para que Sachs y otros la compararan con una clásica corrida bancaria, provocada por un riesgo repentino. Sachs señaló las políticas monetarias estrictas y fiscales contractorias implementadas por los gobiernos por consejo del FMI en la víspera de la crisis, mientras que Frederic Mishkin señala el rol de la información asimétrica en los mercados financieros que llevaron a una “mentalidad gregaria” entre los inversionistas que magnificó un riesgo relativamente pequeño en la economía real. Así, la crisis atrajo la atención de las finanzas conductuales interesadas en la psicología del mercado. Otra posible consecuencia del shock repentino puede ser también atribuida a la transferencia de la soberanía de Hong Kong el 1 de julio de 1997. Durante los 90, dinero caliente llegó a la región del Sureste Asiático, pero los inversionistas ignoraron a menudo los fundamentos reales o perfiles de riesgo de las respectivas economías. La incertidumbre respecto al futuro de Hong Kong llevó a los inversionistas a echar marcha atrás incluso fuera de Asia, exacerbando las condiciones económicas en el área (subsecuentemente llevando a la devaluación del baht tailandés el 2 de julio de 1997).12

Los cancilleres de los diez países miembros de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático creyeron que la manipulación bien coordinada de monedas fue un intento deliberado de desestabilizar sus economías. El ex primer ministro malayo Mahathir Mohamad acusó a George Soros de arruinar la economía de Malasia con una “especulación cambiaria masiva” (aparentemente, Soros apostó en contra de la devaluación de monedas asiáticas, incurriendo en una pérdida cuando estalló la crisis). En la Reunión Ministerial de dicha asociación sostenida en Subang Jaya, Malasia, los ministros firmaron una declaración conjunta el 25 de julio de 1997 que expresaba su preocupación y llamaba a una intensificación de la cooperación entre los países miembros para salvaguardar y promover el interés de la región a este respecto.13 Coincidentemente el mismo día, los directores de los bancos centrales de la mayoría de los países afectados estuvieron en la EMEAP (Executive Meeting of East Asia Pacific) reunidos en Shanghái y no lograron hacer operacional el “nuevo arreglo para pedir prestado”. Un año antes, el 17 de marzo de 1996, los ministros de finanzas de estos mismos países habían asistido a la tercera reunión de ministros de finanzas del APEC en Kioto, Japón, y de acuerdo a esa declaración conjunta, habían sido incapaces de duplicar los montos disponibles bajo el “Acuerdo general para pedir prestado” y el “Mecanismo financiero de emergencia”. Como tal, la crisis podía ser vista como el fracaso para construir adecuadamente y a tiempo la capacidad para prevenir la manipulación monetaria. Esta hipótesis no gozó de mucho apoyo entre los economistas, pues se argumenta que ningún inversionista por sí solo podía haber hecho suficiente impacto en el mercado para manipular exitosamente los valores monetarios. Además, el nivel de organización necesario para coordinar un éxodo masivo de inversionistas de monedas del Sureste Asiático para manipular sus valores volvía a esta posibilidad un carácter remoto.

Para algunos economistas, la causa de la crisis fue que muchos gastaban más de lo que ganaban y habían acumulado grandes deudas en moneda extranjera. Eso ahuyentó a los inversionistas foráneos, quienes huyeron en masa y provocaron devaluaciones de divisas y recesiones.

Obtenido de «https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Crisis_financiera_asiática&oldid=97541110»


Mis sitios nuevos:
Emprendedores
Politica de Privacidad