La Primera Gran Epidemia

La Primera Gran Epidemia

Impacto histórico de las epidemias

Las menciones históricas de plagas y epidemias han sido frecuentes toda la historia. El libro del Éxodo describe las plagas que Moisés hizo caer sobre Egipto, y muchas otras menciones bíblicas hablan de brotes epidémicos. Por ejemplo, la Biblia menciona la decisión de Senaquerib, rey de Asiria, de abandonar su intento de capturar Jerusalem en el 700 a. C. debido a la enfermedad de sus soldados (Isaías 37, 36–38).

Los cronistas antiguos y medievales usan el término plaga para hablar de dichos episodios, debido a la creencia antigua de que las epidemias se debían a un castigo divino por una conducta pecaminosa. Con la aparición del SIDA, diversos grupos llegaron a difundir la idea de que dicha enfermedad era un castigo por una conducta inmoral. Esas visiones históricamente han supuesto un obstáculo para la prevención y control de las epidemias.

Otras referencias históricas dejan claro el impacto histórico de brotes epidémicos y su efecto en el curso histórico de los acontecimientos. La caída de imperios ha sido atribuida directa o indirectamente a enfermedades epidémicas. En el siglo II d. C.

las llamadas “plagas del reinado de Antonino” (posiblemente sarampión y viruela) se expandieron por el Imperio romano, causando estragos y una importante reducción de la población, así como dificultades económicas. Esa situación habría facilitado la intensificación de ataques de los bárbaros y eventualmente al debilitamiento del imperio. El Imperio Han en China colapsó en el siglo III después de una serie de eventos similares a los registrados en el Imperio romano. La derrota a manos de Hernán Cortés de una población numéricamente muy superior del Imperio azteca por parte de unos pocos europeos apoyados por sus aliados indígenas, estuvo influida por los efectos desastrosos que los gérmenes de orígen europeo tuvieron sobre las poblaciones americanas.

La viruela no sólo se expandió por Mesoamérica, sino que al perecer se propagó más al sur, y pudo ser un factor importante el debilitamiento del Imperio incaico subyugado por Francisco Pizarro unos años más tarde. En México se estima que la población entre 1519 y 1530 se redujo de unos 20–30 millones a 2–3 millones.

En Europa, la peste negra procedente de Asia, mató a millones de personas desde su aparición en 1346 hasta su erradiciación definitiva.

Entre 1346 y 1350 murió entre un cuarto y un tercio de la población europea por culpa de la Peste Negra. Tras ese brote inicial hubo brotes recurrentes durante más de 300 años, uno de los brotes más notables fue la gran peste de Londres (1665–66) o la plaga Italiana (1629–1631). Como la plaga golpeó unas regiones pero no otras, los diversos brotes de peste tuvieron un efecto notorio en el desarrollo político y económico de Europa desde la Edad Media. En la última plaga de peste bubónica en Francia (1720–22), la mitad de la población de Marsella, un 60 % de la de Toulon, el 44 % de la de Arles y un 30 % de la de Aix-en-Provence y Avignon fallecieron, aunque el brote no se expandió fuera de la Provenza.

El historiador W. H. McNeill argumenta, en su Plagues and Peoples, que la propagación de enfermedades infecciosas ha sido un factor importante en el desarrollo histórico. Por ejemplo, hubo un marcado incremento de la población duante el siglo XVIII, la población de China pasó de 150 millones en 1716 a 313 millones en 1794 y la población de Europa pasó de 118 millones en 1700 a 187 millones en 1800.

Si bien hubo muchos factores implicados en dicho incremento, incluyendo cambios en la edad de matrimonio y mejoras tecnológicas que llevaron a un incremento de los suministros, pero esos factores no serían importantes para explicar por sí mismo los incrementos. Los estudios demográficos indican que una explicación satisfactoria requiere el reconocimiento de una disminución de la mortalidad debida a episodios epidémicos.

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