La Sociedad Estamental

La Sociedad Estamental

Sociedad estamental: los tres estamentos

El concepto de sociedad estamental se identifica con una organización social basada en la desigualdad de condiciones, sancionada por el sistema jurídico-político y legitimada tradicional y teológicamente (por la costumbre y por una ideología de base religiosa), en la que los individuos permanecen adscritos a diferentes categorías (los estamentos), ordenadas jerárquicamente dentro de su grupo humano, que prescriben la esfera de actividades a las que se pueden dedicar y sus limitaciones políticas, y que son en principio relativamente inflexibles a las variaciones e independientes de las acciones o logros (económicos, políticos, militares, intelectuales) de los individuos.

La sacralización de la sociedad estamental se fue desarrollando como un lento proceso durante la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media (como medio de mantener el orden dentro de la decadente e inestable sociedad tardorromana): Primeramente, a partir de la crisis del siglo III, el Imperio latino (diferenciándose cada vez más de la parte griega) se fue ruralizando económicamente, siendo las ciudades arrasadas, desapareciendo el comercio y la destrucción de fábricas, en gran medida como consecuencia de la respuesta a la propia crisis que se dio por el propio Imperio (reformas de Diocleciano); y mientras que los latifundistas prosperaban en sus lujosas villae decaían las ciudades, al tiempo que ascendía el papel social y político del cristianismo primitivo, con el monacato y la institucionalización de la Iglesia (especialmente por el apoyo de emperadores como Constantino y Teodosio, siglo IV).

A partir de las invasiones bárbaras del siglo V se añadieron nuevos elementos que definieron la nobleza de sangre como estrato social superior en los reinos germánicos (reinos anglosajones y nórdicos) y prefecturas bizantinas de Italia y España que sustituyeron al Imperio latino; y especialmente en las formaciones sociales que se establecieron en Europa como consecuencia de las “segundas invasiones” de los siglos VIII y IX (árabes, vikingos, magiares) en el contexto político de la formación y disolución del Imperio carolingio.

Ya en los siglos centrales de la Edad Media, con la plena conformación de las instituciones feudo-vasalláticas y las reformas eclesiásticas impulsadas por el papado (reforma gregoriana, orden cluniacense, concilio de Letrán), quedó definida una sociedad estamental en las monarquías feudales de Europa Occidental y en el amplio espacio de Europa Central (el Sacro Imperio Romano), extendiéndose hacia el Norte y Este de Europa (la expansión militar de las Cruzadas, aunque estableció efímeros reinos “latinos”, no conllevó una implantación profunda del modelo europeo de sociedad en Próximo Oriente).

La disolución de la sociedad estamental (entendida como soporte de los “privilegios” y el “oscurantismo” que obstaculizaban el libre desarrollo de la sociedad según la novedosa idea de “progreso”) fue una parte esencial del programa ilustrado de los intelectuales enciclopedistas de mediados del siglo XVIII y de los revolucionarios franceses de 1789.

A lo largo del siglo XIX se fue construyendo una sociedad industrial, de clases, con distinto ritmo, intensidad y grados de oposición (distintos tipos de mecanismos de defensa de la sociedad preindustrial, reaccionarismo, tradicionalismo, conservadurismo, etc.) en cada nación del mundo occidental. Justificación ideológica

El triestamentalismo fue el paradigma más difundido, aunque no el único, para pensar la sociedad durante la Edad Media.5

Las funciones de los órdenes feudales estaban fijadas ideológicamente por el agustinismo político (Civitate Dei, 426), en búsqueda de una sociedad que, aunque como terrena no podía dejar de ser corrupta e imperfecta, podía aspirar a ser al menos una sombra de la imagen de una “Ciudad de Dios” perfecta de raíces platónicas6 en que todos tuvieran un papel en su protección, su salvación y su mantenimiento.

Tal construcción confiaba a los oratores (traducible como “oradores”: el clero) la defensa espiritual de la sociedad, a los bellatores7 (traducible como “guerreros”, los bellatores Christi eran los cruzados o “guerreros nobles” (siendo el calificativo “noble” de doble sentido, el primero es de buen guerrero y el segundo es que sólo lo podían ser de la nobleza) la defensa militar y a los laboratores8 (traducible como “trabajadores”) su mantenimiento.

La formulación primera, y acabada, de este esquema trifuncional aparece en un comentario de la De consolatione philosophiae de Boecio, atribuido a Alfredo el Grande y datado en 892:

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